Victor Nubla
Las Cuatro Estaciones
 
 
 








Las Cuatro Estaciones es una instalación sonora que consta de 471 fuentes de sonido difundidas por doce canales audio creando un universo auditivo que ocupa la totalidad del espacio físico de la instalación, distribuyéndose en tres planos verticales y cuatro horizontales.

Las 471 fuentes sonoras se producen en una secuencia de 74 minutos, que se repite en forma de bucle.

Estas 471 fuentes reúnen sonidos provinentes de la actividad humana y de la naturaleza en un ciclo cerrado. Para poder percibir de manera íntegra el paisaje sonoro, el espectador ha de introducirse en el espacio virtual proyectado por los altavoces. Entonces escuchará desde lluvias monzónicas, vientos polares, aves migratorias, circulación de vehículos terrestres, conversaciones, helicópteros, mares en calma, aviones supersónicos, campanarios lejanos, fábricas subterraneas, caballos salvajes, guerra antiaérea, etc. e incluso un verdadero terremoto de tres minutos y medio. Todos estos sonidos aparecen en la distancia, la intensidad y la relación con el oyente correctas, debido a que el reparto de frecuencias se ha hecho en el espacio. Así, el terremoto "sucede" verdaderamente bajo tierra o los aviones "atraviesan" realmente el firmamento; cuando llueve, lo hace de arriba a abajo y los trenes llegan hasta nosotros para alejarse después. De hecho estamos hablando de cuatro sistemas cuadrafónicos horizontales que cubren tres planos espaciales verticales.

Los doce canales se agrupan en tres sistemas de altavoces:

1er. sistema.
-sub-graves (subwoofer system).
Cuatro altavoces omnidireccionales de 18 pulgadas que difunden frecuencias graves y sub-graves (entre 20 y 60-80 Hz)
2º. sistema.
-medios.
Cuatro altavoces para difundir las frecuencias medias (entre 80 y 2.500-3.000 Hz)
3er. sistema.
-agudos.
Cuatro altavoces para difundir las frecuencias agudas (entre 3.000 y 20.000 Hz)

Las Cuatro Estaciones contiene así mismo una dramaturgia, ya que es, en sí, un teatro sonoro.
 
 








Ahora, deberíamos extendernos un poco sobre el tema de la percepción auditiva.
 
 

No existe ninguna diferencia entre un antepasado nuestro de hace miles de años y un ser humano adulto de finales del siglo xx a nivel de percepción del sonido. Nuestra disposición es la misma, a excepción de un pequeño detalle que en opinión de los neurólogos, todavía permanece oscuro, en cuanto a las motivaciones que la naturaleza pueda tener con respecto a tan curioso rasgo evolutivo: la lateralización progresiva de los hemisferios cerebrales.
La percepción auditiva se realiza mediante funciones cerebrales altamente similares a las que intervienen en la percepción visual o táctil. Al nivel del córtex primario, el estímulo auditivo es recogido en ambos hemisferios. Ello podría estar encaminado a facilitarnos la reacción en el caso de estímulos sonoros primarios, digamos, o que forman parte de la herencia colectiva. Por el contrario, la que se podría llamar percepción auditiva compleja, se encuentra "lateralizada".  En el lóbulo temporal izquierdo, al que se conoce como "dominante", las capas secundarias del córtex están especialmente adaptadas para el análisis y la síntesis de los sonidos del habla. En el lóbulo derecho, el córtex secundario se ocupa de la percepción de estructuras rítmicas de determinada complejidad y de las organizaciones de sonidos de diferentes alturas, es decir, de la percepción musical. Se trata de un hecho médicamente constatado pero es apenas conocido popularmente.
Las lesiones locales de las zonas secundarias del córtex temporal izquierdo en el ser humano, producen pérdida de la capacidad para distinguir los sonidos del lenguaje, a lo que se llama agnosia acústica o también afasia sensorial. Las lesiones similares que se producen en el lóbulo opuesto, dificultan o anulan la percepción de la altura, timbre y sucesión rítmica de los sonidos y reciben el nombre de amusia sensorial. Esta diferenciación no tiene lugar con la percepción mediante otros sentidos. Por ejemplo, la visión, funcionalizada en el córtex occipital, sólo sufre un tipo de disminuciones y son llamadas agnosia visual.
Lo que más preocupados ha dejado a los neurólogos ha sido el hecho siguiente: es frecuente que un paciente acuda al médico expresándole su inquietud porque de un tiempo a esta parte no comprende lo que le dicen, las palabras de los demás le parecen un murmullo indescifrable o simplemente entiende algo totalmente distinto. Probablemente esos síntomas provienen de la incipiente formación de un tumor o quizá puedan tener una fácil curación. En cualquier caso, resulta altamente dificultoso para el paciente desenvolverse con normalidad en su vida social, familiar o laboral, puesto que la estructura comunicativa de nuestra sociedad está basada en la "tiranía" del hemisferio dominante. (¡¡Vivimos en una sociedad conceptual!!) Evidentemente, no resulta nada frecuente recibir la visita de un paciente aquejado de amusia, salvo contados casos de músicos o melómanos, por lo que los neurólogos no han podido establecer ni siquiera aproximativamente un censo mundial de seres humanos aquejados de dicho mal.

Ahora hemos visto la importancia de la lateralización de los hemisferios para la percepción auditiva. Más del dominio común es la serie de atribuciones que reciben ambos hemisferios de una manera amplia. izquierdo o dominante, derecho o subdominante. Uno, responsable del pensamiento racional, el otro del sentimiento. la inteligencia deductiva alojada en el primero, la inteligencia emocional en el segundo, etcètera, conocimientos estos mucho más extendidos. Valga todo esto para remarcar que "Las Cuatro Estaciones" no contiene sonidos que hayan de ser descifrados inevitablemente en las regiones cerebrales del córtex secundario. Los estímulos sonoros de  la instalación son de la índole de los que son recogidos en el córtex primario de ambos hemisferios. Incluso aquellos de procedencia cultural.  Es decir, Aún estando evidentemente organizados, no son música. Ni palabras. Sería más exacto denominarlos "imágenes" sonoras. No es música, en el sentido psíquico, y por lo que respecta al contexto socio-artístico en el que se produce, no es una instalación musical.
Así, la percepción elabora, construye un "panorama" completo, es decir, un recorrido de 360° que deviene micro-universo. En el momento en que el espectador accede a la tarima, comienza su versión de la obra. Durante 74 minutos reconstruirá un discurso sonoro en el tiempo y en todas las direcciones del espacio. El trabajo sobre niveles de intensidad y planos sonoros le permite descodificar toda la información provinente del 2º y 3er. sistemas. En cuanto al primer sistema, como las frecuencias más graves, aquellas que llamamos sub-graves, es decir, aparentemente inaudibles (entre 20 y 40 Hz), se transmiten por medio sólido, serán la propia tarima y los elementos arquitectónicos de la sala los que transmitirán al cuerpo físico del espectador la información contenida en estas frecuencias.

Lo que tenemos es un "todo" constituyente con una estructura numérica clásica: 471 sonidos que se difunden mediante 12 reproductores, en grupos de 4, repartidos en 3 sistemas, dividiendo las frecuencias, y que se producen en un ciclo de 74 minutos más 1 de silencio.
 
 



sigue