MI PUEBLO,
por Victor Nubla

La Espiral de Ediciones, 1992
(los primeros capítulos fueron publicados previamente por FiJaTe)
 

capítulo I

Mi pueblo tiene varias casas todas pintadas de azul marino por fuera y de color salmón por dentro. Cuenta con una plaza pública y un policía por habitante. La escuela, construída a lo largo de los siglos, se eleva majestuosa sobre los demás edificios (de manera que, en algunos de ellos, el primer piso se encuentra ahora a la altura de la calle). A través de sus potentes altavoces, difunde incansablemente la señal horaria telefónica, que sirve a los paisanos para distribuir su jornada sin sobresaltos y saber fundamentalmente cuál es el momento de ordeñar las cabras. Cuando amanece, el sol sale por un lado. Cuando anochece, se pone por el otro. En ambos casos, el cielo se vuelve violeta cuando pasa por el rojo, viniendo del negro o el azul para convertirse en azul o negro. Lo que a simple vista parece un lío, se soluciona bastante bien con la señal horaria y la costumbre, por lo que los habitantes de mi pueblo suelen pensar en otras cosas.

capítulo II

Resultan memorables las sesiones de fling. El fling es un juego complicado, absurdo y lento, pero resulta extremadamente atractivo para los habitantes de mi pueblo. Este año, el campeón de fling ha resultado ser amigo mío por tercera vez consecutiva, de manera que llevo tres años sin perderme el banquete. El menú de éste último se componía de setas del bosque en cazuela de barro, con mucha manteca y tomillo y unos sesos hábilmente cocinados a la vinagreta. Se bebió buen vino azul y se brindó por la Virgen del Cubo, costumbre muy extendida entre los jugadores de fling. Luego, correspondió al ganador absoluto pronunciar unas palabras, que deseo transcribir con toda la fidelidad que mi memoria, aún seducida por el vino azul, me permite. Si todo va bien, habré ordenado a tiempo mis datos para el capítulo próximo, donde podréis leer las palabras de Gongo, ganador de fling en la temporada 1990-91.

capítulo III

Palabras de Gongo, ganador de fling en la temporada 1990-91: "Queridos amigos: Hace mucho tiempo que deseaba ganar el campeonato. Tengo ya doce años y difícilmente hubiera podido competir en el futuro con jugadores más jóvenes. Por ello dispuse en el armario de mi dormitorio un mecanismo que me permitiera, una vez convertido en campeón, ofreceros un aumento del número de la población en este lugar. No tengo que deciros lo primero que haré al llegar a mi casa... Ahora, bebed y comed a mi salud y no os manchéis demasiado la camisa." Días después, una nube algodonosa y torpe se quedó atrapada en el pararrayos de la escuela y eran muchos los que proponían su captura. No fue difìcil aumentar el número de la población desde entonces. Así, en 1990 eran

100

en 1991 fueron

100

en 1992,

100

y llegaron a

100
en 1993, para seguir así, aumentando, durante muchísimo tiempo.

capítulo IV

Otra de las cosas que sorprenden al visitante es la capacidad de los habitantes de mi pueblo para tener sueño de noche o no tenerlo (depende de que lo tengan o no) y nunca abandonar la sagrada costumbre de coger las cosas con las manos. Extender manteles en el campo y pisar hormigas sin verlas en los caminos. Levantar la cabeza para mirar al cielo y rascarse absortos después de comer... Muchas de estas costumbres, consideradas de interés turístico-apostólico por el alcalde, han sido subvencionadas para que no se pierdan irremediablemente, como las orquestas de kazoos o el juego del blong, considerado el antecesor del fling, aunque mucho más breve. Asistimos, pues, a una revalorización de las costumbres locales, consideradas hasta hace poco por el jefe de bomberos como una serie inconexa de hechos mecánicos ejecutados por varias personas a la vez. En la estación de las lluvias, florece el sdborj en los troncos secos de los árboles.

capítulo VI

Habíamos dejado a Lorenzo Sansón (actual maestro en las tres disciplinas básicas de mi pueblo: Las artes plásticas, el rastreo de sapos y la música de banda) en brazos de la espectacular modelo Sofía Lebrun y muy alejado todavía de los elevados fines para los que sería llamado. Sin embargo, podemos encontrarle a los veintisiete años, descubriendo casualmente su pasión por el arte plástico y fundando Plásticos y Cubiertas Sansón, para exponer poco después en los principales museos de otros pueblos. A su regreso, funda la Sociedad Filarmónica Amigos de Lorenzo Sansón, una banda de 85 músicos de viento y percusión que amenizaría desde entonces las Grandes Finales de los campeonatos de fling. Para Lorenzo Sansón, nada fue imposible. Aún habiendo nacido por sorpresa y sin las menores atenciones higiénicas, se las compuso para reconocer a sus padres con el paso del tiempo y una vez supo vestirse sólo, entregarse a sus más íntimas pasiones por orden y con entusiasmo. Por ello, hace unos años, se erigió en su honor una estatua en la plaza Mayor de mi pueblo, con lo que Lorenzo Sansón hace el número 99 de ciudadanos vivos a los que se levanta un monumento con fondos del consistorio.

capítulo VII

Los veranos en mi pueblo no tienen nada de particular, aunque convocan una cierta cantidad de visitantes en torno a la fiesta tradicional de la travesía a nado de la carretera nacional, en la que participan nadadores de otros pueblos y también perros. Jango Nebot, el ganador del año pasado, reconoce ser mucho más inteligente desde que ganó la travesía, por lo que no le faltan ofertas de empleo variadas y jugosas. De cualquier forma, él prefiere seguir con su trabajo de siempre (cuidador de hormigas) y continuar con la vida tranquila y relajada que nunca ha abandonado realmente. Sucede también que en verano hace más calor y ello tiene un gran peso a la hora de apreciar suficientemente el gran esfuerzo de estos atletas y perros que cada año disputan el gran premio de la travesía: Un manual de navegación, un diploma acreditativo de Ganador Absoluto de la Travesía a Nado de la Carretera nacional de mi pueblo y la así llamada "aceituna de la suerte" o "bolita".

capítulos VIII y IX

Son muy dados en mi pueblo a creer que los demás son iguales a nosotros simplemente porque su educación es similar a la nuestra. Un anciano del pueblo, cuyo nombre él mismo trató de hacer olvidar a quien lo supiera, realizó un experimento a ese respecto en época reciente. Se trataba de preguntar a distintas personas qué harían en determinada situación. Debían explicarlo brevemente. Exponer qué harían y si daba tiempo, porqué lo harían. El resultado fue impresionante: Subir a un árbol, por ejemplo, era para algunos "un estupendo deporte" y para otros "un riesgo innecesario". Incluso hubo quien dijo que subir a un árbol constituía una falta de respeto hacia los que no podían hacerlo y quien aseguraba que habría que dar un mamporro a todos los que no lo hicieran. La cosa fue poniéndose difícil, muchos preguntaban quién más había sido consultado, otros trataban de robar sus notas al anciano y algunos más, estaban dispuestos a presentar una moción en el pleno del Ayuntamiento, para escarmentar al autor del experimento o para dar caza a quienes se opusieran a su realización, alternativamente. El objetivo del anciano, evidentemente, no era averiguar si subir a un árbol era interesante o no, puesto que a él lo de subir a los árboles le importaba un pito, sino constatar que, aunque a la mayoría de los consultados también les importaba un pito, estaban dispuestos a perder su tiempo e incluso a salir con un ojo morado, con tal de demostrar que ellos tenían algo que decir sobre el asunto. El anciano, tras unos días de reflexión, emigró a un pueblo sin árboles que está muy cerca del mío. Años más tarde, descubrió con estupor que su experimento había suscitado graves controversias y la subida a los árboles estaba ocupando la mayor parte de los programas electorales de cara a las próximas elecciones. Alarmado, temió que el asunto de los árboles que ingenuamente había tomado al azar para realizar el experimento, podía haber despertado emociones arquetípicas en los habitantes de mi pueblo; posibles conexiones ancestrales con un origen arborícola; cosas así... Tras exhaustivas investigaciones antropológicas y etnológicas, sin embargo, la verdad se mostró ante los ojos del anciano con hiriente transparencia: El único substrato lo suficientemente antiguo y remoto como para influir a todos los habitantes de mi pueblo por igual y en lo más oscuro de su psique, era el de la traducción del espacio que nos separa y nos individualiza y del tiempo que nos transforma en una gran desconfianza generalizada hacia todo lo que, aún convenciéndonos a nosotros mismos de lo contrario, no somos nosotros.

capítulo X

Tampoco los inviernos tienen nada de especial en mi pueblo, esa es una de las razones por las que en tales fechas muchos pobladores emigran a la ciudad, fundamentalmente en busca de un piso con calefacción central y un club privado decente donde jugar al fling sin ser espiados por la dueña del bar. ¿Quién lo tiene en cuenta? Fundamentalmente el secretario provisional Gámbez, destinado por error a mi pueblo a pesar de que en su solicitud especificó claramente "sólo a Timbuctú" . Gámbez había sido notable en su anterior empleo: Recogiendo opiniones positivas que caían al suelo, llegó a elaborar el "Primer Glosario de Frases Célibes Para Leopardos", que hoy día se guarda bajo siete llaves en la vitrina B del museo antropológico de mi pueblo, permitiéndose consultar el lomo a uno de cada cinco caballos que lo solicitan, en horas laborables y previa presentación de un Grope azulado. Verdaderamente, no son muy divertidos los inviernos en mi pueblo excepto cuando sube la temperatura alrededor de los treinta grados y todos podemos ir a la playa y usar muy poca ropa. Entonces, cuesta tanto llamarle "invierno", que muchos son los que abogan por buscar otros nombres mejores, como "período estropelástico", "estación interesante", "caramba, estás de muy buen ver" o simplemente "verano".

capítulo XI

Por supuesto, no me he olvidado de la historia de María Antonia Perelló ni de las abundantes anécdotas que en mi pueblo ocupan la hora que media entre la comida y el paseo vespertino. Lamentablemente, casi todas ellas son falsas o como mínimo, sospechosamente parecidas. Se cuenta que María Antonia Perelló, alumna de EGB a los treinta y siete años, dejó el pueblo para unirse a la temible banda de "los pastras" en las montañas. Con ellos llevó a cabo algunas fechorías hasta los cincuenta años de edad, en que pudo adquirir algunos terrenos rústicos en el pueblo vecino, con lo que podía acercarse a menudo para pasar sus exámenes, pendientes desde que se marchara. En torno a este desarrollo central se articulan la mayoría de relatos, leyendas, anécdotas y refranes de mi pueblo, dándose todas las variaciones posibles. El tema ha sido estudiado en profundidad por A.W. Richardson en "Topología semántica del pueblo de Victor Nubla", págs. 3 a 684, Jenners, Delpaso & Loring ("El ciclo lógico de María Antonia Perelló: un análisis matemático", capítulo 7) y Johnson-García en la serie de cuadernos científicos "Mitos contemporáneos de origen no terrestre", concretamente en el volumen "Maria Antonia Perelló: un fractal muy popular". De ésta y otras estructuras ancestrales del comportamiento colectivo de mi pueblo, hablaré próximamente, así que... CONTINUARá...

capítulo XII

Otro mito bastante poco respetable subyace desde hace siglos en la mente de todos los habitantes de mi pueblo. Se trata de la leyenda o ciclo de Naúb, el abstractor de berenjenas. Cierto día, su novia le dijo: "ve a traer unas berenjenas para el postre" y Naúb entendió "ve a abstraer unas berenjenas de aligustre". Salió de la casa y dirigiéndose hacia unos aligustres muy cercanos, buscó primero el pequeño nido de berenjenas que siempre hay entre los aligustres y una vez hallado, abstrajo las berenjenas con un rápido espasmo facial y regresó a casa, según él creía, a tiempo para hojear un poco el periódico durante el aperitivo. Sin embargo, al haber transcurrido 2.554 años, sólo pudo encontrar un parquecito abigarrado de flores, un quiosco de caramelos y una parada de metro. El ciclo de Naúb, el abstractor de berenjenas, ha sido cuidadosamente estudiado por el profesor Reploncho en su "Tratado de mitos y leyendas un poco estúpidos pero animadamente verosímiles", capítulos 5 y 6.

capítulo XIII

Se ha creído hallar una relación ancestral entre la arraigada costumbre de toser que tienen los habitantes de mi pueblo y la tradicional tos ritual Blongo de la antigua tribu Maulú. Dicha relación es posible, aunque no ha podido ser demostrada. La opinión general de los expertos es que no deben ser tomadas en serio las conclusiones del Dr. Tomás Masto, ya que sus investigaciones estaban destinadas a obtener una ecuación tridimensional del movimiento inercial de una bola de futbolín en el clásico "aéreo". Los resultados colaterales no deben ser aceptados científicamente si no van acompañados de un buen salchichón (o al menos ésa es la ética actual de la Sociedad Científico-Gastronómica de Mi Pueblo y por ella se guían los trabajos de investigación que están llevándose a cabo). Por ejemplo, la terrible lucha contra el potoncio, una plaga que asola las cosechas de pepinos de mi pueblo, ha permitido el desarrollo de estudios muy complejos como "Carácter animal del potoncio" (por Alfred Wyckoff), "Carácter vegetal del potoncio" (por la Dra. María Durán), "Carácter mineral del potoncio" (por José María Pinillo) o "Carácter desconocido del potoncio" (por Manson y Carter).

capítulo XIV

Muchos lectores de esta columna se habrán preguntado porqué en mi pueblo no hay río. Pero claro que lo hay. Hay río y hay mar. Ambos pasan muy cerca uno del otro sin llegar a encontrarse. Es un río (el río) un tanto estúpido, puesto que termina por desembocar a 3.500 km. de mi pueblo. Por ello se llama Río Esquizón. En él se bañan las lavanderas y le dan al jabón los chiquillos, canturreando. Los peces, especialmente las carpas, saltan graciosamente cuando se les echan migajas de pan, produciéndose a menudo desgraciados accidentes cuando, de salto en salto, la carpa acaba por caer al mar vecino y muere al no poder respirar la solución salina. El mar que baña mi pueblo se llama Mar Margástico. Es rico en peces voladores, algunos de los cuales caen diariamente en el río contiguo, muriendo poco después. Mi pueblo tiene un bello puerto deportivo con capacidad para cien destructores y en él pescan las gaviotas, los albatros y los cóndores. Anualmente, se celebra la regata open "Día del Ciudadano" en la que todos los habitantes de mi pueblo pueden participar (no hacerlo conlleva una multa de 7,000.000 de ploglos). Es una jornada pintoresca donde pueden verse toda clase de veleros de imaginativo diseño. Como esta competición se celebra desde hace cuarenta años y algunos de ellos (taxis, camiones TIR y motocicletas, especialmente) se hunden casi al principio de la prueba, la profundidad actual de las aguas del puerto de mi pueblo es de 1m. 35 cm.

capítulo XV

En lo más profundo de su ser, los habitantes de mi pueblo, se sienten noruegos. Nadie lo dirá abiertamente, pero a veces, en la intimidad de sus hogares se llaman unos a otros Olaf, Sigrid, Calmar, etc. Como noruegos convencidos y secretos que son, mantienen las tradiciones de la petanca, el tiro con barco, las carreras de sardinas... en fin, no han querido nunca desprenderse de sus arraigadas costumbres ancestrales, aunque imprimen y difunden entre los turistas el folleto "Bienvenidos a la cuna de la cultura griega" y bailan en la plaza mayor las danzas tradicionales de Papúa y Nueva Guinea. No hace mucho que el propio alcalde, en una discusión particularmente acalorada, exclamaba: "¡Garduko!", que quiere decir: "Has hecho trampas, sólo podías cambiar una carta", a lo que siguió un prolongado aplauso de la clientela del bar, que en aquellos momentos estaba abarrotado, ya que iba a emitirse un comunicado extraordinario del pregonero del pueblo en la televisión local. Todos sabemos que ¡Garduko! es una expresión de buen gusto, por ello el alcalde fue reelegido tres veces más, y así estuvo al frente del consistorio un total de nueve meses (el récord, ya que las elecciones a alcalde se celebran en mi pueblo cada noventa días).

capítulo XVI

En los próximos días, se celebrará "Pueblo/P.O.E.-ticas,ticas!", certamen tri-anual de poesía que reúne a los más destacados creadores de mi pueblo durante dos meses, en talleres de trabajo, conferencias y seminarios donde contrastar su experiencia poética con otros artistas y desarrollar propuestas inspiradas en sus intercambios de información y de vivencias, contaminándose sus creatividades y produciendo nuevas obras, dentro del espíritu de crítica constante y de innovación que constituye el criterio y el propósito fundamental del festival. Lo importante del presupuesto (350 pesetas este año) con que cuenta A.R.T.E./Sade/Segre (gacionista), el colectivo organizador, parecen suficientes para asegurar la brillantez de esta novena edición. Hace tres años, el festival concluyó con la lectura de los poemas galardonados con el premio simbólico de la Fundación P. D. Rastia, de entre los que destacamos el siguiente:

"LA SORPRENDENTE ASCENSIóN DE PIPI CALZASLARGAS AL NIÑALAYA (BREVE POEMA RISUAL)

Pipinochocaladragondolamiendoblementeniendocenascensióndulantejadominaturaltitudinarialniñalaya!!!!"
(Robinalot)

En el próximo capítulo, seguiremos hablando de literatura.

capítulo XVII

Existe una novela cuyas ventas no aumentan ni disminuyen en mi pueblo. Su estabilidad en el mercado se mantiene desde hace al menos cuarenta años y dado que el número de la población de mi pueblo aumenta incesantemente, la tirada de la novela es también mayor. Su título es El Regreso del Gordo y el Flaco. En sus páginas, asistimos a la descripción de un posible mundo futuro, tenebroso y desquiciado, con gallinas de tres patas, cables de alta tensión a un metro de altura y extraños lenguajes gestuales para el intercambio de familiares. Una pesadilla en la que gobierna Mo Ongo, un periodista que se ha hecho la cirugía estética y dirige al Mundo desde un burro volante. Cuando, debido a tan agobiante situación socio mundial, están a punto de explotar los cerebros de un trillón de seres humanos, el Gordo y el Flaco desembarcan en la Plaza Mayor de mi pueblo y salvan a la humanidad explicando sin interrupción durante doce horas en todos los canales de la TV mundial, para qué sirve una servilleta de cuadros blancos y rojos que había sobre la mesa. Como ven, un apasionante argumento del que no hemos desvelado ninguno de los sorprendentes trucos y efectos especiales incorporados en el libro, que hacen las delicias incluso de quienes nada más quieren hojearlo.

capítulo XVIII

Cuando llueve en mi pueblo, las personas corren al mercado cubriéndose la cabeza mediante ingeniosos sistemas. Una vez en su interior, piden números y hacen cola. Su objetivo es hacerse con los alimentos que después prepararán en su casa. En los cafés que rodean el mercado, toman después colaciones mientras comentan el tiempo y hacen ídem para regresar. El cielo encapotado hace resonar los colores, estableciendo entre ellos y el bullicio de idas y venidas, de hombres cargados con medias terneras y temerarios portadores de carretillas repletas, distancias geométricas que son los charcos de agua en el asfalto gastado. Pequeñas tascas ofrecen buñuelos y pescado empanado. La cerveza saluda el despertar del estómago. Este ritual se ha extendido a otros pueblos cercanos al mío. Las variantes son mínimas. Una sustitución de buñuelos por berberechos o alguna complicación del ritual, como efectuar la compra mascando migas de bacalao salado... Por lo demás, resultan aparentemente idénticos. Ello ha sido considerado muy interesante por foráneos estudiosos que, una vez conocían la costumbre, regresaban a sus respectivos pueblos de origen y trataban de implantarla, aunque muchos de ellos han acabado por instalarse en mi pueblo y éso se debe, sin duda, a las excelentes croquetas de la bodega del Perro Contento. Este es el motivo de que, a la entrada de mi pueblo, exista un cartel que dice: "Sus mañanas de mercado".

capítulo XIX

Hoy analizaremos un popular refrán de mi pueblo, que (aún teniendo alguna variante) en sustancia viene a decir así: "Nunca te quedes con los patines si decides entrar el último." En general, los habitantes de mi pueblo, especialmente los de más de tres años (que son mayoría), interpretan esta máxima en el sentido de que resulta poco agradable andar pisando cáscaras de semillas al salir del cine. Sin embargo, algunos colectivos diferenciados, como los panaderos, los cirujanos, la Asociación de Lectores de Periódicos y los zurdos, dan sentidos profundamente distintos a la sentencia. Según los primeros, el proverbio quiere decir: "No hay ratón que no se pare a frotarse los bigotes." En cambio, los segundos, opinan que "Da las mangas de tu camisa a cualquier peatón que lleve impermeable de plástico violeta" es el correcto significado de tan antiguo dicho. Pero la A. L. P. difiere totalmente de los anteriores y recientemente hizo público un comunicado afirmando que la frase en cuestión se refiere a "No dar con piedras en dientes ajenos". El último sector social discrepante, el colectivo de los zurdos (un 20% de mi pueblo), es mucho más críptico. Ellos afirman que la interpretación del popular axioma es: "½".

capítulo XX

"¿Qué sucede cuando llueve en mi pueblo en las últimas semanas del verano?". Esta pregunta es la más importante del examen para el Título de Habitante Medio al que optan todos los que viven en mi pueblo para alcanzar el grado de Habitante Togado, que se concede en mi pueblo a quienes han concluído los cinco años de la Enseñanza Prácticamente Obligatoria (el principal sistema del Ayuntamiento para recaudar impuestos, ya que la matrícula anual cuesta setenta millones de plofos, que es la actual moneda y equivale aproximadamente a 3 bilos). Por no conocer la respuesta a esta pregunta, muchos deben repetir el examen cinco años después (es cierto, hasta el Cátedro Master de la Universidad reconoce que la segunda vuelta está un poco alejada de la primera). Siendo de vital importancia, resulta difícil de creer que los estudiantes no la preparen concienzudamente, pero ello se explica porque el Ayuntamiento mantiene en un Estado Obligatorio de Aislamiento Total a los aspirantes, durante los veinticinco años previos al día del examen, por lo que les resulta imposible conocer de antemano las preguntas del año anterior. La respuesta correcta es: "Crecen setas, que están muy ricas sabiamente cocinadas". Es comprensible que los habitantes de mi pueblo declinen frecuentemente la oferta de cursar la E. P. O. y prescindan enérgicamente del Título de Habitante Medio. Máxime cuando la multa por no hacerlo es de sólo un plofo y además pueden comer setas todos los años, prácticamente desde la infancia.

capítulo XXI

Algunas de las sorprendentes respuestas dadas por los aspirantes al Título de Habitante Medio de mi pueblo, en los exámenes de los últimos años, a la pregunta "¿Qué sucede cuando llueve en mi pueblo en las últimas semanas del verano?":

-El agua del mar se moja.
-El agua del mar se moja, pero la del río no.
-Crecen paraguas, que protegen de la lluvia sabiamente desplegados.
-Por más que miras al cielo, sólo ves nubes.
-Si miras hacia arriba, te mojas la cara.
-Si miras hacia arriba y llevas paraguas, ves sus varillas.
-Nacen cerdos hasta con cuatro patas.
-Se suspenden los campeonatos de fling.
-Depende del año a que se refiera la pregunta.
-Depende de si ha llovido a finales de verano.
-Se adelanta la recogida de la nutria.
-Se malogran las cosechas de perros.
-Nada.
-Lo mismo que cuando no llueve: llega el otoño.
-Considero esta pregunta capciosa.
-Considero esta pregunta mafiosa (éste copió mal).
-Nunca he visto llover en verano (el hijo del cónsul de mi pueblo en el desierto de Zaaltai, que se examinó por correo).
-Se humedecen los bosques.
-Se reblandecen las ideas.
-Sigue lloviendo.
-Es casi seguro que la pregunta está mal formulada.
-Si lluvia de finales de verano = "LL" y mi pueblo = MP, X-2 LL (MP3) / MP-LL± (q.e.d.)

capítulo XXII

En mi pueblo ya no se considera de buen gusto cazar huevos de gaviota. Esta práctica está siendo sustituida por algunas otras de una manera sutil... Donde había un vellón, se ha puesto un zamacurro y girando, girando, le han dado la vuelta al reloj del Ayuntamiento. Pero, aún así, es difícil decir que no se está practicando la caza del huevo de gaviota, por lo que la solución a esta fase del suplantamiento, se ha llevado a cabo con sigilo. Por ejemplo, cuando el huevo sale corriendo y los jóvenes inscritos se lanzan a por él, aparece un telón bastante mal pintado que anuncia cambios de temperatura o una compañía especializada en informar sobre el estado de la mar. O bien se sueltan conejos, que corren paralelamente al huevo. Incluso galgos, para fingir que el huevo es un conejo. Los jóvenes, que han cambiado el clásico uniforme de cazador de huevos por desenfadados conjuntos de algodón en colores llamativos, hablan entre sí mientras persiguen el huevo, para dar la sensación de que van charlando mientras dan un paseo. Los huevos, que habían desarrollado técnicas cada vez más perfeccionadas para superar sus límites de velocidad, no andan muy satisfechos con la sustitución progresiva. Argumentan que, si se produce tan paulatinamente, nadie propondrá un relanzamiento de su economía, basada actualmente en la fabricación de calzado ultra-rápido para huevos. En su reciente jornada de protesta, corrieron muy despacio por las principales calles del pueblo, haciendo caso omiso de quienes les conminaban a apresurarse.

capítulo XXIII

Se tiene por bueno considerar en mi pueblo que Gengis Khan lo fundó en 1983. Algunas teorías, sin embargo, aseguran que mi pueblo fue "descubierto" por Sinnué Martínez, cuando se encontraba en la floreciente edad de la patata, período del que apenas han llegado vestigios hasta nuestros días, pero que hizo de mi pueblo un centro comercial de primer orden, al que acudían gentes de otros pueblos para pertrecharse de utensilios como lanzas de patata, arcos y flechas de patata, cascos de patata y casitas para grillos, también de patata. En un documento fechado en 1989 y redactado sobre pieles de patata secas, se consigna la venta por Ramiro Delado de cinco quintales de costillas de patata a las tropas de Lord Carnavon, acampadas en las inmediaciones de mi pueblo durante el reinado de Perdices Tercero. La venta fue retribuída en mulancias por el pagador de la tropa, D. Autillo Miraflor. La edad de la patata tuvo también su decadencia. Ésta coincide con el auge de la corriente filosófica llamada de los apostrofistas, que defendían el derecho a dejar las cosas poco claras y personalizar teatralmente en los momentos de clímax oratorio. Después de Perdices Tercero, reinó Congelador Quinto y la patata pasó, cortada en tiras, a ser moneda de uso corriente. Un siglo más tarde, los pueblos vecinos adoptaron un nuevo valor de cambio, basado en el patrón tonelada de alubias cocidas, cuya unidad era el cordón de zapato negro. Entonces, mi pueblo hubo de reconvertir su industria patatera, desarrollando los servicios y el turismo, los cuales son, todavía hoy, la fuente principal de su riqueza.

capítulo XXIV

Si alguien opina que en mi pueblo no hay suficientes diversiones, debería acercarse alguna noche por la margen derecha del río (la que no es contigua al mar; ya se ha dicho en otro lugar que si algún pueblo se merece tener un estuario y no lo tiene, ése es el mío). Allí florecen los negocios del ocio, lo cual no resulta nada ocioso pero sí es, como ya he dicho, bastante gracioso. Por ejemplo, el fling electrónico, que se juega entre una pareja humana y un ciclotrón, puede practicarse en Giacomo's, Paolo's y Da Giulio's. En Casa Mercedes, muy cerca de los anteriores, distintos juegos de salón: Interiorismo, macramé, kilim, etc. En Petra's Boite, concursos de lanzamiento de coñac y perros. Otra variante en Night Club Josephine: El lanzamiento de cabeza, que suele practicarse contra un muro. A estos establecimientos les siguen tres, dedicados a los juegos de palabras: El Semen Tal, La Caja Ponesa y Pero Pon Éso (una filial del anterior, especializada en cocina griega). A continuación, la margen derecha del río presenta un sector dedicado a las máquinas tragaperras, otro a las tragavacas y otro a las tragaelefantas. Siguen los establecimientos de relax. Hay setecientos treinta y siete, que pertenecen a dos importantes cadenas humanas: Iniciativas Sexuales S. A. y Pase un Buen Rato S.C.L. A destacar algunos de los locales: Sex Tercio, ambiente romano, orgías, bacanales y meriendas. Sex Tuplo, complacientes carnets de identidad trucados. Sex Teto, especial para jubilados. Sex Tante, amas dominantes francesas... Otro día continuaremos con la margen izquierda.

capítulo XXV

En mi pueblo, muchos se preguntan todavía qué fue de Anita Palópez. Genial contorsionista, A. Palópez había disfrutado de saneadas cuentas corrientes en varios países libres de impuestos hasta el día de la llegada del Glopo. Se cree que nunca pudo sobreponerse a la visión anticipada de su propia ruina y dejó el contorsionismo para dedicarse por entero a la lucha despiadada en todos los tribunales del mundo contra los impulsores del Glopo. Afortunadamente, el haber conocido la noticia del complot cinco años antes, le permitió someter a todos los implicados a una extraordinaria presión, lo cual le valió el sobrenombre de "La Implacable Daisy", consiguiendo tenerlos a todos entre rejas antes de que sucediera el ataque llamado también Glopo Final. Sin embargo, ¿qué sucedió después? ¿Qué fue de Anita Palópez?:
1. ¿Consiguió reunir su anterior fortuna?
2. ¿Fracasó en su intento y acabó sus días en la estación de Plomenaria?
3. ¿Obtuvo, en una rápida jugada de bolsa, la ruina de sus competidores, doblando su propio capital?
(.otnup 1 :3 ;sotnup 2 :2 ;sotnup 3 :1 . senoiculoS)

capítulo XXVI

En mi pueblo existe gran afición por resolver dilemas y casos misteriosos, mediante la aplicación de disciplinas en principio ajenas a su temática. De esta manera, cada hecho que despierta el interés y la preocupación social, es analizado inmediatamente por una comisión especial, en la que participan las mentes más prestigiosas y las personalidades de conducta más transparente. Así fue descubierto el origen de la riqueza espectacular de un conciudadano, cuyo caso y el de su desenmascarador, explicamos a continuación. Albun Rotçiv, el prestigioso psiquiatra, había estudiado con gran interés el caso de Leopoldo Polendo, quien profesaba una particular devoción por los espejos. Había comprado cientos de ellos en los zocos más ocultos, en mercados lapones, en embarcaderos de caña y en pequeños comercios vieneses, no importaba el lugar si un buen espejo de cuarzo podía comprarse. No importaba cuánto costase, si un buen espejo de cuarzo podía mirarse. Polendo, millonario a la sazón gracias a un inesperado contrato para la construcción del puente neumático América-Europa, había puesto a su modesta empresa de hidro arquitectura, en el primer lugar del Ranking de Empresas de Hidro Arquitectura. Nadie sabía la procedencia de aquel contrato, pero todos teníamos alguna explicación, fuese imposible, fantástica, realista o ajustada. Para Albun Rotçiv estaba muy claro: Polendo obtenía muchísima información, espiando a toda la ciudad con un sistema de 100.000 espejos estratégicamente distribuidos.

capítulo XXVII

El período medieval en mi pueblo estuvo caracterizado por la proliferación de conventos, en donde los monjes miniaron algunas de las más hermosas páginas que luego habría de destruir el famoso incendio de 1.512, provocado por los anteojos abandonados en un pajar por Fray Laurencio Prúsbal. Uno de los códices rescatados de las llamas es el conocido Bestiario de Fray Celso de las Salinas, en el que, curiosamente, se encuentra una referencia al Espantóptero, que había sido visto muy pocas veces hasta entonces y contaba con atribuciones irremediablemente fantásticas. Esta es la descripción de Fray Celso, tal como aparece en la segunda edición de su Bestiario:

CUALIDADES DEL ESPANTóPTERO

1. Es azul
2. Es blanco
3. Se frota los bigotes
4. Como amuleto, es suave
5. Como alimento, aceptable
6. Tiene la virtud de ser comido y recuperarse, con lo que llega a convertirse en un buen amigo.
7. Anima a los seres solitarios al principio de las tardes de otoño.
(Hay que destacar que, hasta nuestro siglo, en que Dougal Dixon ha descrito el Asimetrón (Scienderens soulungulus), no volvemos a encontrarnos con otro animal zurdo.)

capítulo XXVIII

Muchos estáis esperando, desde hace algunos capítulos, saber qué es lo que sucede en la margen izquierda del río de mi pueblo (el sorprendente Esquizón) y esta vez no os voy a defraudar. Como ya expliqué en el capítulo XXIV, el Esquizón tiene dos márgenes. Una, la derecha, que en él se describe. La otra, la izquierda (también conocida como "la franja"), corresponde a los escasos metros que separan al Esquizón del Mar Margástico y está ocupada por el barrio que llamamos la Campánula. Por ésa orilla transcurre el tráfico comercial de barcazas. Toda la Campánula es una red de almacenes y distribuidores, que recogen cargamentos y los facturan; siempre hay grandes barcos que descargan en el puerto y escribientes que anotan en blocs de papel amarillo la naturaleza de sus cargas. Después, carretillas mecánicas llevan todos los productos a las barcazas, que los distribuyen por el pueblo... No sólo hay barcazas de transporte, también las hay de pasajeros, pero éstas recorren la margen derecha descrita en el capítulo XXIV. Desde allí, el pueblo se extiende por las faldas de la colina Ramona (230 m.), donde se encuentra una de las más famosas estaciones litorales de esquí (que otro día describiremos). La Campánula vive oficialmente de seis de la mañana a seis de la tarde, después es refugio de gatos, parejas y contrabandistas. A los almacenes y los muelles, a ambos lados del barrio, hay que añadir el complejo aduanero La Perdiz, el Hotel del Pez Volador (7.000 habitaciones), las instalaciones del puerto deportivo descritas en el capítulo XIV y una zona de tugurios donde se come un delicioso pescado frito.

capítulo XXIX

La Biblioteca de mi pueblo es un ovoide de cuarenta centímetros de longitud y veinte de anchura, que limita al norte con Pedro Martínez y al sur con un restaurante coreano cuyo nombre nunca consigue recordar Avelino Fernández. En su interior, minuciosamente trabajadas, pueden encontrarse las reproducciones más perfectas que jamás se hayan visto de barcos, aviones, pinzas de langosta y antiguos encendedores. Ostenta el título de bibliotecario desde 1945 don Antonio Matusero, hombre bisiesto y emprendedor que enternece a los gorriones y luego se los zampa. Los ayudantes de Matusero son Tiberio Jamón y Alcibíades Sanqueso, a los que no hay que confundir con los "otros" ayudantes: Samulio Aldabarrín y Gancillo Perchendo, que llevan poco tiempo en la Biblioteca (dos días y medio). Por Navidad, la Biblioteca abre sus puertas a los curiosos que, provistos de lupas, echan vistazos a su polvoriento interior, lleno de bicicletas de chapa ondulada a medio construir. El precio de Porfirio Crescendo sube en esas fechas como el agua con jabón puesta a hervir. Algunos deciden partir, como si se tratase de unas vacaciones más (aunque saben que a su regreso no habrá más leña en la repisa de los caramelos).
capítulo XXX
Dan que hablar las nuevas campanas adquiridas por el párroco de mi pueblo con ocasión del centenario de la construcción de la iglesia por un retén de alabarderos que se aburrían esperando a que abrieran el merendero La Prenda, que aún se mantiene frente a la iglesia, aunque ahora es propiedad de doña Angustias Dolores Pena, que lo habilita como sacristía auxiliar y cuyo alquiler sufragan las devotas de mi pueblo, gastando cada día algunos dinerillos en las tragaperras que doña Milagros ha instalado allí. Iniciativas Mecánicas Financieras (I.M.F.), la empresa que suministra dichas máquinas, ha subvencionado la compra de las nuevas campanas que, como antes decíamos, han dado que hablar. Según la reciente encuesta llevada a cabo por los Servicios de Información de la Parroquia (la temible S.I.P.), muy pocos vecinos no asiduos al rito numeral ordinario romano, ven con buenos ojos que el campanario tenga ahora cuatro ventanas de cristal líquido en las que giran no sólo campanas, sino tréboles, cerditos o frutas en los cuartos, las horas y las medias horas. Tampoco parece haber tenido mucha aceptación la musiquilla que suena cada vez que coinciden las figuras de las ventanas (ésto sucede a las horas en punto), a pesar de que el párroco ha ordenado instalar un amplificador mega-brótico de 700.000 watios, para que todos los habitantes de mi pueblo puedan oírlo con claridad (aunque se encuentren en alguna localidad vecina) de manera que puedan saber siempre qué hora es (ello ha sustituido definitivamente al primitivo sistema que fue descrito al hablar de la escuela en el Capítulo I). Las primeras reacciones han consistido en un veloz despoblamiento de los barrios que rodean la iglesia.

capítulo XXXI

Lucas Furia tiene ganado con honor el puesto vitalicio de conserje de mi pueblo. La idea de nombrarle se la debemos a Marino Mirazor, burgomaestre general del puerto hasta hace pocos años, en que se jubiló. El burgomaestre Mirazor (conocido popularmente como Marino "Burgamor") reflexionó sobre el hecho de que el crecimiento imparable del sector servicios y el turismo en mi pueblo, exigían nuevas iniciativas, así que nombró a Lucas Furia, a la sazón pinche de cocina en el petrolero Waikiki, Conserje Mayor de mi pueblo, con banda del mero mareado (condecoración muy apreciada) incluída. Cuando instalaron la mesita y la silla de conserje en la entrada de mi pueblo, junto a la carretera, Furia ocupó su cargo lleno de entusiasmo. Hoy en día, en vista de los positivos resultados de su trabajo, se le ha concedido la plaza vitalicia y un aumento diario de un plofo. Preguntado sobre cómo se sentía en un día como éste, afirmó: "Como pinche de cocina, no hay tanto futuro y siempre andas llenándote de escamas. En mi confortable mesa y con el teléfono al alcance de la mano, soluciono a los visitantes mil y un problemas. ¡Y sin quitarme la gorra!"

capítulo XXXII

El nuevo Instituto de Arqueología abre por fin sus puertas. Los habitantes de mi pueblo han esperado mucho tiempo el momento de poder disfrutar de las colecciones arqueológicas que hasta ahora guardaban celosamente algunas familias, sobre todo las de los legendarios investigadores Jeremías Plomo, Azucena Pirolón y Jacinto Rumbacho, que descubrieron el siglo pasado la tumba de Rigobertón de Aungría, caballero que había llegado a mi pueblo huyendo de una pandilla de ladrones con los que se había encontrado en las cercanías de París. Este afamado trío de exploradores defendió siempre la existencia de un complejo turístico de hace dos mil años, nunca descubierto y aunque sus excavaciones sólo permitieron obtener datos precisos sobre las primitivas gasolineras del complejo, las recientes campañas de pesca submarina celebradas en mi pueblo con motivo del Año Ornamental del Pollo Acuático han revelado la existencia de dicho complejo (que, al parecer, llevó el nombre de Mormujón Tres Estrellas) y permitido fotografiar sus ruinas que se extienden por el lecho del río, en donde las carpas se esconden de los voraces saloperos. Los profesores Plomo, Pirolón y Rumbacho recuperaron también un elevado número de barcos encallados y hundidos frente a nuestras costas e incluso convirtieron uno de ellos en un acogedor restaurante, que actualmente es la farmacia Pisquis, regentada por el que es desde hoy director del Instituto Arqueológico, don Rabanisto Plomo y Pirolón de Rumbacho.

capítulo XXXIII

No cabe duda de que los habitantes de mi pueblo tienen suficientes motivos para odiar profundamente las cortinas. De hecho, no se venden cortinas en mi pueblo ni casa alguna hace ostentación de ellas. El origen de este curioso asunto lo encontramos al comienzo del siglo IV, cuando el Visir Agustasio Fernández Telefunken ordenó la colocación de una gigantesca cortina floreada alrededor de la colina Ramona. La cortina, que midió catorce kilómetros de largo por trescientos metros de alto, tardó en tejerse ciento cuarenta años y se necesitó la lana de cuarenta mil cuatrocientas ovejas y un yak. Fue estampada a mano por un ejército de seis mil hombres durante siete días y siete noches y para su colocación se construyó un sistema de quinientos polipastos que accionaban seiscientas yuntas de bueyes. Una vez instalada, la cortina ocultaba totalmente la visibilidad de la colina Ramona a todos los habitantes de mi pueblo y así, el Visir Agustasio Fernández Panasonic, biznieto del que inició el proyecto, pudo entregarse a las más ilegales y peregrinas actividades sin ser visto por la población. Por ejemplo, a construir una fábrica de galletas para él sólo. En realidad, su bisabuelo había impulsado aquella magna obra con el fin de dar una sorpresa en Navidad a todos los habitantes del pueblo, llenando la colina de fuegos incontrolados y descorriendo la cortina a las doce de la noche, mientras sonaban las trompetas de cinco mil jenízaros. En el próximo capítulo sabremos como sucedió todo.

capítulo XXXIV

Desgraciadamente, el Visir Agustasio Fernández Telefunken no calculó correctamente el tiempo que podía durar la obra. Su hijo, el Visir Agustasio Fernández Casio, hizo que los trabajos continuasen durante toda su vida y sólo dos guerras los interrumpieron durante algunos meses: La Guerra de las Ranas y la Guerra del Picatoste. Infortunadamente, en ésta última murió el Visir, sorprendido en su tienda de campaña por doscientos mil mamelucos que intentaban darle la mano. De esta manera, no llegó a explicar a su hijo, el nuevo y flamante Visir, Agustasio Fernández Panasonic, cuál era la finalidad de la construcción de la cortina. A finales del siglo VII, finalizada ya la época de los visires, un calderero llamado Pluf descubrió un agujero en la cortina y comprendió que aquello no era la salida de emergencia del mundo, como se creía popularmente, sino una sencilla cortina floreada de bastante buena calidad. Cuando la noticia se extendió por el pueblo, los más valientes organizaron expediciones y al poco tiempo pudieron hacerse los primeros mapas completos de la colina. A los cinco años se establecieron relaciones con los pueblos del otro lado. Para deshacerse de la cortina (que quitaba mucha luz a casi todo el pueblo) hubo que valerse de una maniobra singular: Se estableció un decreto que prohibía la existencia de cortinas en mi pueblo. Gracias a ello, en el siglo XIV concluyó el desmantelamiento de la vieja cortina, con la que se han venido fabricando desde entonces las velas de casi todos los barcos de mi pueblo.

capítulo XXXV

Novedades discográficas que han sido bien recibidas por los aficionados de mi pueblo en la última Muestra del Disco de Mi Pueblo: Borp, el perro cantante, ha presentado su nueva banda de teclados y un c.d. que lleva por título "Dame algunas monedas de cobre con la efigie de tu cabeza en un lado y el valor muy claro en otro, y te diré si eres el Rey". Borp es actualmente la gran promesa de la música tecno concisa y el compositor en la sombra de algunos de los mayores éxitos de Angelita Robinson, la cantante tridimensional que este año presentaba en la Feria "Tus padres me recuerdan demasiado a la barcaza de mi abuelo", un tema del folklore tradicional de mi pueblo que Angelita ha adaptado para arpa, cencerro y trescientas ovejas. Las relaciones entre Borp y Angelita Robinson se deterioraron poco después de que grabaran juntos una canción en homenaje a Ramón Martínez, el fundador de los Coros Submarinos de mi pueblo. Al parecer, Borp deseaba aparecer en la portada emergiendo del escote de la Robinson, cosa que a los asesores de imagen de ésta, entre los que se encontraba su marido, no les pareció bien. La portada acabó mostrando una vista del río y una fotografía forense de Ramón Martínez después de haberse ahogado. Pero no sólo los artistas más consagrados han gustado en la Muestra. Han habido, sin duda, algunas sorpresas entre los nuevos grupos, que han presentado las propuestas más avanzadas de la actual música de mi pueblo, como veremos en el capítulo siguiente.

capítulo XXXVI

Más noticias de la Muestra del Disco de Mi Pueblo: Slurp, la banda de Supositorio López, ha dado un giro impactante a su country-rigodón (que causó sensación en épocas recientes entre los camafeos de tres patas), ofreciendo un nuevo concepto de la música, basado fundamentalmente en la aplicación de descargas eléctricas al público. La imagen del grupo también ha cambiado ostensiblemente. De las viejas cazadoras de flecos, la barba enmarañada y el sombrero ajado que lucían hasta hace sólo unos meses hasta su actual aspecto, desconocido para todos los asistentes ya que los músicos no hicieron acto de presencia en la Muestra, hay una gran diferencia. El disco que presentaban, un superminicompacto (de tan sólo 15 mm. de diámetro y uno de espesor) contiene casi tres horas de música tocada al revés por cien percusionistas sentados de espaldas. Todos los textos cantados en el disco, lo han sido también al revés por un coro de trescientas personas colgadas boca abajo. En la portada, un holograma muestra a Supositorio López metiendo el dedo en el tubo de escape de su turbo-tranvía, aunque dada la diminuta superficie en que está reproducido, sólo es visible al microscopio. (Gino Baranda, que compone e interpreta aceptables canciones con un diapasón de una sóla nota, se sirvió en la gala promocional de su nuevo disco de algo que sus seguidores consideran una innovación absoluta en la carrera de este cantautor de veintiún años: La incorporación de un pequeño cascabel en su zapato izquierdo, para dar un mayor énfasis en los estribillos. Su actuación fue muy apreciada por el público asistente al Antiguo Almacén Municipal de Colirios, lugar donde se celebraba la Muestra.)

capítulo XXXVII

Los sistemas educativos son sometidos a constante revisión en mi pueblo desde que Arturino Sobresello, el genial pedagogo, estableció el análisis del mecanismo instintivo de la educación. Don Arturino advirtió cuáles son los impulsos pedagógicos naturales del ser humano de mi pueblo y los dividió en dos grupos: Ser-Estar y Haber-Tener, cada uno de los cuales marca dos líneas, que llamó Eje 1 (Ser Haber) y Eje 2 (Estar-Tener). Para resumir, el profesor Sobresello decía que, conjugando de la misma forma los verbos Ser y Estar, se inducía a que las personas prefiriesen Estar (mucho más cómodo) a Ser. Lo mismo sucedía con Haber y Tener, donde todo el mundo se decantaba así mismo por la segunda opción. Demostró estadísticamente que, en mi pueblo, la mayoría de las personas preferían moverse por el Eje 2 y lo hacían, además, como pez en el agua. Sorprendido él mismo al buscar en el diccionario el significado de los cuatro verbos, se retiró a la colina Ramona, donde ha instalado un sólido refugio de reconfortante arquitectura montañesa en el que siempre arde el fuego y hay vino para emprender una conversación. Desde que el profesor Sobresello partió a su retiro voluntario, todos los responsables de educación que ha tenido el consistorio han pasado periódicamente a visitarle. Con sus consejos se han redactado los libros de texto en mi pueblo desde entonces. Ahora, el sistema educativo de mi pueblo establece cuatro disciplinas básicas, inspiradas por el venerable profesor: Cagar, Botánica, Historia del Arte y Cocina Regional. En cada una de ellas se imparten hasta siete asignaturas de las que hablaremos otro día.

capítulo XXXVIII

Ginés Mandarino tuvo graves problemas para sacar el pie de una trampa para murciélagos que había instalado él mismo en el jardín de su casa. Al cumplir setenta años, vinieron por fin a salvarle su mujer y sus cinco hijos, un sábado en que los veleros no pudieron hacerse a la mar. Para celebrarlo, decidió dar anualmente una fiesta para todo aquél de mi pueblo que quisiera asistir. La fiesta sería siempre el sábado de mayo en que los veleros no pudieran hacerse a la mar. Desde aquél día, la fiesta sólo ha podido celebrarse en tres ocasiones, pues casi todos los años ha hecho un tiempo espléndido por Mayo. Así, cuando ayer amaneció encapotado y las olas de quince metros barrían los muelles con furia redoblada, todos los habitantes de mi pueblo que quisimos, pudimos acercarnos a la casa de los Mandarino y beber el delicioso ponche que Doña Marina Mandarino prepara como nadie en mi pueblo. También andaba por allí su hijo Saúl, que está en el seminario de un pueblo cercano, estudiando para Alto Tribuno Catedralicio. El millar de personas que se dejó caer por allí, no escatimó las expresiones de apoyo a los Mandarino, quienes buscan de nuevo al cabeza de familia desde que, hace dos años, no regresó de colocar unas trampas para osos en la leñera. El hijo menor, Anselmo, afirma estar muy preocupado tras dos años sosteniendo en la mano el capuchón de la pluma de su padre. Se cantaron canciones bajo el árbol familiar, una secoya de setenta metros de altura en la que se encuentra el último nido de cóndores de mi pueblo.

capítulo XXXIX

Hace ya tiempo que desapareció de mi pueblo la costumbre ancestral de los banquetes de jabón, dudoso placer al que todavía se entregan en algunos pueblos vecinos. Los banquetes de jabón sustituían así mismo a la primitiva tradición de las comilonas de piedras, que se celebraban una vez al año, aunque resultaban proliferar mucho más, pues se contabilizaba un año por cada tres días y medio. Las comilonas de piedras eran la forma folklórica resultante de una costumbre aún más antigua y ancestral: El rito de la degustación de suelo. Practicado a diario en tiempos inmemoriales, consistía en la degustación incansable de grandes extensiones de suelo y de todo lo que en ellas se encontrase. La degustación del suelo cubre todo el período de nuestra prehistoria y se ha creído ver en ella un vestigio primigenio del primero y más remoto impulso gastronómico del ser humano: La masticación de magma incandescente. No es ningún secreto que se dedican grandes cantidades de plofos a estas investigaciones y que se han reproducido experimentalmente algunos banquetes de jabón, a los que han podido asistir algunos privilegiados miembros de la clase política y reconocidos artistas. En cualquier caso y aparte de los avances en el conocimiento de nuestra historia más remota, la pregunta que muchos investigadores se han hecho es: ¿Qué sustituye actualmente a los banquetes de jabón? ¿La travesía a nado de la carretera nacional? ¿La caza de huevos de gaviota?¿El lanzamiento de cabeza contra un muro? ¿O... nada? Y si es así, ¿estamos olvidando nuestro pasado?

capítulo XL

El curso escolar es buena excusa para colar algunos errores en las enciclopedias de mi pueblo. A su comienzo, los editores renuevan como cada año, las enciclopedias en vigor. Es entonces cuando oscuros círculos intelectuales de mi pueblo infiltran agentes mediante el soborno y el chantaje (algunos se ofrecen voluntariamente) para introducir errores en las enciclopedias. Uno de estos errores ha resultado trascendental para nuestra historia y aunque fuese finalmente descubierto, no ha sido eliminado jamás. Los lectores de enciclopedias (el 79% de la población) presionaron en todos los niveles para obtener la categoría E.I. (Error Indultado) que fue finalmente concedida por el propio alcalde, a la sazón Rufino Tuércano, ex-Agente Introductor (A.I.). ¿Qué mente pudo urdir aquella patraña? Nunca se ha sabido. ¿Cómo pudo penetrar tal concepto en todo el tejido social hasta alterar tan profundamente su valoración del entorno? Lo ignoramos. ¿Porqué ninguna voz se alzó, siquiera aguijoneada por la envidia? Es un misterio. Lo que sí sabemos con certeza es que los aerolitos, esos fragmentos de cuerpos celestes que no llegan a desintegrarse y entran en nuestra atmósfera, no tienen la forma cónica-espiral que adopta cierta sustancia dura que recubre a los moluscos y con la que se hace un instrumento que produce un sonido como de trompa. Quizá por ello, aunque en los folletos turísticos de mi pueblo se dedican varias páginas a su condición de Mayor Yacimiento Mundial de Aerolitos (M.Y.M.A.), dicho título no ha sido homologado por la comunidad científica internacional. Quién sabe cuántos errores más nunca llegaremos a detectar...

FIN


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